Lo siento, pero debes leer esto

No sé tu, pero yo me disculpo todo el tiempo. La semana pasada, me sorprendí murmurando “lo siento” a un chico que casi me derriba por la calle. Fue entonces cuando me di cuenta que puede que se me esté yendo de las manos.

Como la mayoría de las mujeres en el planeta Tierra, mi semana hubiera sido mucho más productiva si no hubiera pasado la mayor parte del tiempo disculpándome. Lo siento, no sé por qué lo hacemos. Deduzco que debemos ser millones las mujeres que dejamos caer un “perdón” quince veces al día. Nos pasamos las horas disculpándonos a nuestro perro, amigas, parejas, y hasta a extraños en un tren, a lo Hitchcock. Puede que nos disculpemos porque no somos conscientes de que somos suficiente. Puede que más que suficiente. Y puede que sea hora de dejar de pedir perdón por existir. Las mujeres deberíamos reconsiderar con qué frecuencia nos disculpamos. Disculparse por todo puede reforzar la noción de que has hecho algo mal. Eso puede provocar autoculpabilizarse de manera tóxica y destruir la autoestima. Vaya perdida de tiempo, ¿verdad?

Decidí anotar durante una semana cada “perdón” que se cruzó por mi cabeza, los fonemas inestables que salían de mis labios al disculparme sin saber realmente por qué. Quizás así sabría si mi disculpitis era grave o aún quedaba esperanza.

Lunes: Lo siento, mamá. Siento haberme pasado más de nueve meses dentro de ti. Perdón por los tobillos hinchados, el dolor de espalda, los antojos a las dos de la madrugada y la llorera al ver Love Actually (por enésima vez). Perdón por las ocho horas de parto, por retorcerte los pezones al amamantarme y escupir la papilla, otra vez.

Martes: Perdona J. por haberme casado con el chico que te gustaba en el patio de la escuela (la sororidad femenina era aún una incógnita por despejar). Y perdona A. por haberte dejado por correo a la semana, el compromiso me asusta(ba).

Miércoles: Lo siento T. por copiar en todos tus exámenes de química. Te prometo que estudiaba, lo intenté, pero soy de letras. Y un consejo: si un alumno se suena mucho la nariz, sospecha. El kleenex algo oculta…

Jueves: Perdona hígado por la sangría y el destilado en el parking de Pacha, no me gusta beber pero la presión social pudo conmigo. Lo siento pulmones por todo el humo que me tragué a la fuerza al fumar, pero no quería quedar mal delante de A. y para él, fumar era sexy. Me arrepiento de los domingos en vela haciendo todos los deberes que no me digné a empezar durante el fin de semana. ¡Ah! Y lo siento cabello, por el tinte rojo con el que te maltraté ese verano de 2014 en Inglaterra.

Viernes: Querido futuro marido, cuanto lo siento, perdón por llorar aún después de que me hayas mandado más de 17 emojis de corazones en un periodo de 24 horas. No tengo excusa, excepto que nunca antes he estado prometida con un hombre que sabe comunicarse y no se ríe al oír la palabra “tetas”. Realmente parece que me quieres. Es todo un poco confuso. Siento no ser una profesora de yoga hiperlaxa como tu exmujer, y siento colgar selfies en Instagram que tu madre odia. También me siento culpable por llorar, cuando estoy triste, contenta, o ni siquiera sé cómo me siento. Como esa vez que me encontraste en el suelo de la cocina con una botella de merlot mientras me comía las sobras de ese risotto pastoso. Espero que interpretes el echo de que llore (tanto) al estar contigo como una buena señal. Significa que he sobrevivido al apocalipsis de Tinder, lo que resulta milagroso, si te paras a pensar. También espero que aceptes mi oferta de probar “esa cosa” en la cama, a no ser que no quieras hacer “esa cosa”, en ese caso, siento habértelo sugerido porque ¡qué asco! ¿A quién se le ocurre? Tienes razón… ¡Lo siento!

Sábado: Queridas hijas, lo siento chicas. Sabía que, si me dejaba seducir por el acento canadiense de vuestro padre, os dotaríamos de un material genético espectacular: el acné (perdón), los dientes “chuecos” (lo siento), y el dolor de espalda insoportable causado por la copa D de pecho (¡lo lamento!). ¡Ah!, y un sentido del humor un poco turbio (ups). Siento, también, que nos hayamos divorciado y roto vuestro corazón. Espero que os agarréis a la estadística que indica que un divorcio implica un 40% más de posibilidades de escribir un bestseller, respecto a vuestros aburridos compañeros de clase con familias intactas.

Domingo: Lo siento, a mi misma. Perdón por haberme pasado la vida disculpándome por vivir. Me he desgastado poco a poco, no he logrado conseguir todos mis objetivos porque he estado ocupada preocupándome por no molestar, no hacer demasiado ruido, y no interrumpir conversaciones sobre vídeos de gatos mirándose al espejo. Siento haberme ocultado detrás de la frase “No estoy enfadada, estoy disgustada”. ¿Pues sabes qué? Ahora sí lo estoy. Voy a terminarme ese risotto.

Lo siento, por todas nosotras.

Clàudia xx

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s